
El tzatziki es mucho más que un simple acompañamiento en la cocina griega: representa la esencia de la tradición culinaria mediterránea, combinando ingredientes sencillos en una armonía de sabores que conquista todos los paladares. Esta salsa cremosa a base de yogur, pepino, ajo y aceite de oliva es omnipresente en las tabernas griegas, y se sirve prácticamente con todos los platos.
Cuando pruebes el tzatziki en una taberna tradicional, notarás inmediatamente la diferencia con las versiones comerciales o las imitaciones que encuentres en otros sitios. El auténtico tzatziki griego es espeso, fresco y perfectamente equilibrado: el yogur debe ser espeso como nata montada, los pepinos crujientes y bien escurridos, el ajo perceptible pero no agresivo.
Los orígenes del tzatziki se remontan a las tradiciones culinarias otomana y bizantina. El propio nombre deriva del turco «cacık», una salsa similar popular en toda Anatolia. Sin embargo, la versión griega se distingue por su consistencia más espesa y cremosa, conseguida mediante el uso del yogur griego tradicional, mucho más compacto que el turco.
Ya en la antigua Grecia existían preparaciones similares: el yogur se producía en las regiones montañosas y se combinaba con hierbas y ajo. Los pastores solían llevar consigo este alimento durante los largos periodos de trashumancia, apreciando sus propiedades nutritivas y su capacidad para conservarse incluso sin refrigeración.
El tzatziki moderno, tal como lo conocemos hoy, se desarrolló durante los siglos XIX y XX, cuando la cocina griega empezó a definir su propia identidad, distinta de la otomana. La generosa adición de aceite de oliva virgen extra y el uso de pepinos frescos locales caracterizaron la receta griega frente a las variantes de los países vecinos. Hoy, el tzatziki se ha convertido en uno de los símbolos culinarios más reconocibles de Grecia en todo el mundo.
La calidad del tzatziki depende totalmente de la selección de los ingredientes. El yogur griego tradicional, llamado «straggisto», se escurre durante horas hasta que pierde la mayor parte del suero, lo que da como resultado una textura espesa y cremosa. Este proceso confiere al tzatziki la textura característica que lo distingue de otras salsas más líquidas.
Los pepinos deben ser frescos y crujientes, preferiblemente variedades griegas de piel fina y pepitas pequeñas. La preparación de los pepinos es crucial: hay que rallarlos groseramente, salarlos y dejarlos escurrir en un colador para eliminar el exceso de agua. Este paso garantiza que el tzatziki conserve su consistencia espesa sin volverse aguado.
El ajo es el ingrediente más controvertido del tzatziki. La cantidad varía enormemente según las preferencias personales y regionales: en las islas griegas tienden a utilizar menos, mientras que en las regiones montañosas del norte, el tzatziki puede ser decididamente más picante. El ajo debe picarse finamente o machacarse con una prensa de ajos y dejarse macerar brevemente en aceite de oliva para suavizar su intensidad.
Muchos cocineros griegos recomiendan añadir el ajo al tzatziki al menos una hora antes de servirlo, para que los sabores se fundan. Algunos quitan el núcleo verde central de los dientes de ajo para hacerlos más digeribles y menos persistentes.
Elaceite de oliva virgen extra griego es esencial para el éxito del tzatziki. Debe ser de excelente calidad, afrutado pero no demasiado picante. Algunas recetas tradicionales exigen hasta 100 ml de aceite por cada medio litro de yogur, lo que crea una salsa especialmente rica y sabrosa.
Las hierbas varían según las tradiciones locales: eleneldo fresco es la adición más común, pero en algunas regiones se utiliza menta fresca picada. El vinagre de vino blanco o el zumo de limón añaden la acidez necesaria para equilibrar la cremosidad del yogur.
Viajando por Grecia, descubrirás que cada región tiene su propia interpretación del tzatziki. En Creta, por ejemplo, muchos cocineros añaden nueces picadas, que le dan una textura más completa y un sabor ligeramente más rico. Esta variante, llamada «tzatziki estilo skordalia», combina elementos de dos salsas tradicionales.
En las islas Cícladas, sobre todo en Santorini y Mykonos, es habitual encontrar el tzatziki preparado con yogur de cabra, que tiene un sabor más fuerte y una textura ligeramente distinta. Esta versión combina perfectamente con los productos lácteos locales y refleja la tradición pastoril de las islas.
En la Macedonia griega y Salónica, el tzatziki suele ser más espeso y rico en ajo que las versiones isleñas. Muchas tabernas del casco antiguo añaden también una pizca de pimentón dulce o escamas de guindilla por encima, creando un agradable contraste de color y un toque picante.
También es habitual en esta región añadir pequeños dados de pepino en lugar de rallarlo, creando un tzatziki más rústico y crujiente. Esta versión suele servirse como aperitivo independiente, más que como simple acompañamiento. Incluso en las islas Jónicas, como Corfú y Cefalonia, el tzatziki conserva características distintivas ligadas a las tradiciones locales.
En las tabernas modernas y los restaurantes gourmet griegos, los cocineros experimentan con variantes creativas del tzatziki. Algunas versiones incorporan remolacha rallada para crear un tzatziki de color rosa chocante, otras añaden aguacate para una textura aún más cremosa.
Durante el verano, cuando los mercados rebosan de verduras frescas, algunos cocineros preparan el tzatziki con calabacines rallados en vez de pepinos, creando una versión más delicada apta para los paladares que encuentran los pepinos demasiado acuosos. Estas interpretaciones modernas demuestran la versatilidad de la receta básica, manteniendo la identidad griega del plato.
El tzatziki se sirve casi en todas partes en Grecia, pero eso no significa que todo sea igual de bueno. Las mejores preparaciones se encuentran en tabernas familiares, donde el yogur suele ser casero o comprado a pequeños productores locales.
En Atenas, los barrios de Plaka y Psyrri esconden tabernas donde el tzatziki se prepara fresco cada mañana. Para descubrir los mejores lugares para comer en Atenas, aléjate de las zonas más turísticas. Evita los restaurantes de las principales calles turísticas: el tzatziki que sirven en estos lugares suele prepararse con yogur comercial y pepinos precocinados, por lo que resulta aguado e insípido.
Un tzatziki excelente debe estar frío pero no helado, lo bastante espeso como para sostenerse en una cuchara vertical sin correrse. La superficie debe estar rociada con aceite de oliva y adornada con eneldo fresco o pimentón. Los pepinos deben estar visibles pero perfectamente integrados en la salsa, no flotando en un líquido acuoso.
Cuando pidas tzatziki, observa cómo lo sirven: en las tabernas tradicionales viene en un cuenco de barro o cerámica, nunca en recipientes de plástico. Si observas un exceso de líquido en el fondo del cuenco, es señal de que los pepinos no se han escurrido bien.
Los griegos comen el tzatziki de varias maneras. Se sirve como meze (entrante) con pan de pita caliente, untado en souvlaki y gyros, o como acompañamiento de carnes a la parrilla y pescado frito. En las tabernas tradicionales, el tzatziki forma parte del «piato tis oras», el plato del día, y acompaña prácticamente todos los pedidos.
Durante los meses de verano, muchos griegos consumen tzatziki como plato principal, acompañándolo de tomates frescos, aceitunas y pan, apreciando sus propiedades refrescantes y nutritivas. Según la medicina tradicional griega, se considera un alimento «frío», perfecto para contrarrestar el calor estival. Tras un día explorando los lugares de interés de Grecia, el tzatziki es una forma fresca y ligera de recuperar la energía.
La versatilidad del tzatziki lo hace adecuado para innumerables maridajes. Combina perfectamente con carnes a la parrilla, sobre todo cordero y pollo, donde la frescura del yogur equilibra los sabores intensos de la carne. Con el pescado, el tzatziki combina bien con platos fritos y asados sencillos.
En las islas griegas, el tzatziki se sirve a menudo con calabacines fritos (kolokithokeftedes) o berenjenas a la parrilla, creando un contraste perfecto entre el calor de las verduras y la frescura de la salsa. Muchos griegos también lo utilizan como aliño de ensaladas, sustituyendo al clásico aceite y limón. Después de un día en las playas griegas, el tzatziki es la forma perfecta de refrescarse.
El tzatziki no sólo es delicioso, sino también muy saludable. El yogur griego es rico en proteínas y probióticos beneficiosos para la digestión. Los pepinos aportan hidratación y vitaminas, mientras que el ajo tiene propiedades antibacterianas y beneficios cardiovasculares.
El aceite de oliva virgen extra aporta grasas monoinsaturadas saludables y antioxidantes. Una ración de tzatziki contiene unas 80-100 calorías, lo que la convierte en una opción ligera comparada con otras salsas cremosas. Durante los meses de verano, los griegos lo consideran un alimento «medicinal» que ayuda a mantener la hidratación y facilita la digestión.
Aunque el tzatziki griego es el más famoso, hay salsas similares en todo el Mediterráneo Oriental y Oriente Medio. El cacık turco es más líquido, suele servirse como bebida refrescante y contiene menos ajo. En algunas regiones de Turquía, se añade menta seca en lugar de eneldo.
El tarator búlgaro es parecido al tzatziki, pero incluye nueces picadas y a veces pan remojado, lo que lo hace más sustancioso. Algunas versiones también añaden pepinos encurtidos en lugar de frescos, lo que crea un sabor más ácido y complejo.
En Chipre, el tzatziki se hace con yogur de oveja, que tiene un sabor más intenso y una textura ligeramente granulosa. Los chipriotas suelen añadir mucha menta fresca y sirven la salsa ligeramente más líquida que la versión griega continental.
Hacer auténtico tzatziki en casa es sorprendentemente sencillo, pero requiere atención al detalle e ingredientes de calidad. Esta receta rinde unas 4-6 raciones como acompañamiento o entrante.
500 g de yogur griego entero (mínimo 10% de grasa), 2 pepinos frescos medianos, 3-4 dientes de ajo, 80 ml de aceite de oliva virgen extra, 2 cucharadas de vinagre de vino blanco o zumo de 1 limón, 2 cucharadas de eneldo fresco picado (o 1 cucharada de menta fresca), sal marina, pimienta blanca recién molida
Lava bien los pepinos y decide si los pelas completamente o sólo parcialmente: algunas recetas tradicionales conservan parte de la cáscara por el color y los nutrientes. Si los pepinos tienen semillas muy grandes, córtalos por la mitad longitudinalmente y quítales las semillas con una cucharilla.
Ralla los pepinos con un rallador de agujeros grandes. Pasa los pepinos rallados a un colador, espolvoréalos generosamente con una cucharada de sal marina y mézclalos bien. Coloca el colador sobre un cuenco y deja escurrir durante al menos 30-45 minutos, presionando de vez en cuando con una cuchara para extraer todo el líquido posible.
Transcurrido el tiempo de escurrido, coge los pepinos a puñados y exprímelos enérgicamente con las manos para eliminar cualquier resto de líquido. Este paso es crucial: si los pepinos están demasiado húmedos, el tzatziki quedará aguado y poco apetitoso. Los pepinos bien exprimidos deben estar casi secos al tacto.
Pela los dientes de ajo y, si prefieres un sabor más suave, retira el brote verde central cortando los dientes por la mitad a lo largo. Pica el ajo finamente con un cuchillo afilado o aplástalo con una prensa para ajos.
En un bol pequeño, mezcla el ajo picado con 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra y una pizca de sal. Déjalo macerar durante 10-15 minutos: este proceso suaviza el sabor acre del ajo y lo hace más digerible. Si preparas el tzatziki con mucha antelación, puedes saltarte este paso y añadir el ajo directamente al yogur.
Vierte el yogur griego en un cuenco grande. Asegúrate de que el yogur esté bien frío pero no congelado. Si el yogur ha soltado suero en la superficie, viértelo o incorpóralo mientras remueves: un yogur demasiado líquido no es ideal para el tzatziki.
Añade los pepinos bien escurridos y exprimidos al yogur. Añade el ajo macerado en aceite, el vinagre de vino blanco (o el zumo de limón) y el eneldo fresco finamente picado. Mezcla todos los ingredientes con una cuchara de madera o una espátula, incorporando bien pero sin trabajar demasiado el yogur para que mantenga su consistencia cremosa.
Vierte el aceite de oliva virgen extra restante, sin dejar de remover suavemente. El aceite debe quedar bien incorporado, pero es normal que quede un ligero brillo en la superficie. Ajusta la sal y añade pimienta blanca recién molida al gusto: se prefiere la pimienta blanca a la negra porque no altera el color blanco del tzatziki.
Cubre el bol con film transparente y mételo en el frigorífico durante al menos 2-3 horas, idealmente toda la noche. Este tiempo de reposo es crucial: permite que los sabores se mezclen completamente y que el tzatziki espese más. Mientras reposa, el yogur absorbe los sabores del ajo y las hierbas, creando un sabor armonioso.
Antes de servir, saca el tzatziki del frigorífico y déjalo a temperatura ambiente durante 10-15 minutos: si se sirve demasiado frío, los sabores se apagan. Mézclalo suavemente, pásalo a un bol de servir y nivela la superficie con el dorso de una cuchara.
Decóralo con un chorrito de aceite de oliva virgen extra en la superficie, una pizca de pimentón dulce o escamas de guindilla y ramitas de eneldo fresco. Sírvelo inmediatamente con pan de pita caliente, verduras crudas para mojar o como acompañamiento de carnes a la parrilla.
El tzatziki se conserva en el frigorífico durante 3-4 días en un recipiente hermético. Después del primer día, puede soltar algo de líquido: antes de servir, viértelo y remueve bien. El sabor a ajo tenderá a intensificarse con el paso de los días.
No congeles el tzatziki: el yogur se separa durante la descongelación y la consistencia es granulosa y desagradable. Si preparas cantidades excesivas, considera la posibilidad de congelar los pepinos ya rallados y escurridos por separado y añadirlos al yogur fresco cuando los necesites.
Para una versión más ligera, puedes utilizar yogur griego con menor contenido en grasa, pero el resultado será menos cremoso. Si no encuentras auténtico yogur griego, puedes hacerlo tú mismo escurriendo yogur natural en una gasa durante 4-6 horas en la nevera.
A falta de eneldo fresco, puedes utilizar perejil fresco o, como alternativa, una cucharada de menta fresca picada. Evita las hierbas secas: no aportan el mismo sabor fresco y pueden alterar la consistencia. Para un tzatziki más cremoso, añade 2 cucharadas de nata agria o queso crema para untar.
Si prefieres un tzatziki menos líquido en general, añade una cucharada de pan rallado fino que absorberá el exceso de humedad. Este truco se utiliza en algunas tabernas griegas para garantizar una consistencia perfecta incluso con pepinos especialmente acuosos.